LOS INSTITUTOS SUPERIORES TECNOLÓGICOS COMO INSTITUCIONES CAPACES DE DAR RESPUESTA AL ENCARGO SOCIAL

Docente: Pamela Sánchez Cárdenas

Figura 1. Estudiantes de IST Vicente León, Latacunga, Ecuador.
Fuente: Coordinación de Investigación, Desarrollo Tecnológico e Innovación, IST Vicente León.
La historia de los últimos años, enseña que las IES (Instituciones de Educación Superior) y los centros de investigación en algunos países han sido vértices donde se impulsan las transformaciones sociales, pero esto no siempre se ha manifestado así. Estas instituciones, que desde su nacimiento ganaron el derecho de ser las precursoras de las transformaciones sociales, han garantizado la creación, preservación y difusión del conocimiento; en la actualidad, se han visto obligadas a revisar sus paradigmas tradicionales. Esto, debido a que las soluciones que estas ofrecen a la sociedad, no son tan satisfactorias como en los siglos anteriores, y esa pérdida de vigencia podría ser un paso hacia su extinción.

Los Institutos Superiores Técnicos y Tecnológicos, cuya misión comenzó a complejizarse extraordinariamente en los últimos años, tiene por esencia la necesidad de un profundo cambio de paradigma situacional. Se revela en la mayoría de las reflexiones de la época, desde el “Desarrollo Integral” propuesto por las predicciones de Peter Drucker (1993), o la esperada manifestación de la triada: conocimiento, información y creatividad, anunciada y examinada por Alvin y Heidi Toffler (1997). El desarrollo del conocimiento y la tecnología han invadido no sólo los espacios educativos, sino también en lo social, económico y político. La manera en cómo los institutos superiores adopten estos cambios, será determinante en el desarrollo social de los países, especialmente latinoamericanos.

Lo cierto es que las características propias de la formación de los ciudadanos en la actualidad presentan rasgos que la difieren a las de los siglos anteriores, tanto desde los medios, herramientas y ambiente (espacial y temporal) como desde la cultura inherente al proceso formativo. También han cambiado los fines que se pretenden con dicha formación. Y es que, desde el punto de vista teológico, la sociedad humana ha cambiado, con ella sus procesos y productos. Ahora se reconoce la producción y gestión del conocimiento como protagonista en las estrategias de soporte para el mejoramiento de las condiciones que propician el desarrollo.

Acorde a Racionero (2000), en el siglo XX ocurrieron cambios cuantitativos que, al sobrepasar ciertos niveles, propiciaron y continúan propiciando cambios cualitativos.

Los países, empleando la gestión del conocimiento a través de sus centros clave cómo son los Institutos de Educación Superior, deberían desarrollar difundir y desencadenar los procesos que forman la sociedad que se persigue.

Se establece, a partir de este último escenario, una carrera de desigualdad e inequidad entre sociedades que obliga a las “menos prósperas” a tomar un paso más acelerado con el objetivo primordial que no aumente la brecha que las relega. Esta nueva cultura, que comenzó a desarrollarse desde el pasado siglo, puede ser utilizada para promover condiciones tales como la competitividad y la singularidad, profundizando las condiciones de desproporción.

Es en estas sociedades donde los intelectuales poseen una responsabilidad fundamental, y los Institutos deberían constituirse en centros privilegiados de producción y difusión del saber transformador universal. Es ahí donde el conocimiento ocuparía el lugar que garantice el desarrollo de los individuos que componen la sociedad, situación problemática que se evidencia en la educación.

     En las condiciones actuales, los institutos enfrentan nuevas condiciones para su funcionamiento, las que se desprenden de la normativa jurídica que incide en una profunda transformación del Estado y sus instituciones. La Constitución aprobada en el año 2008 y la Ley Orgánica de Educación Superior del 2010, definen las condiciones para el funcionamiento del Sistema de Educación Superior en todos los niveles. Además, establece por ley las condiciones de funcionamiento y los procesos que permiten evaluar el impacto de actividad educativa en el contexto ecuatoriano actual. En este nuevo ordenamiento jurídico, las mismas se ven precisadas a definir su rol, su función y el responder efectivamente a la demanda de la sociedad, con pertinencia social, responsabilidad y eficiencia en el marco del aseguramiento de la calidad de la educación superior.

Por ello, la implementación de un modelo de gestión del conocimiento en los institutos superiores, debe propiciar el reconocimiento de la sociedad a los resultados que la educación genera. Este constituye una necesidad, una prioridad para la institución y sus autoridades, que evidencie las contradicciones que se producen entre la demanda que la sociedad genera y el cumplimiento de su encargo social educativo superior.

Referencias bibliográficas.

Drucker, P. (1993). La Sociedad postcapitalista. Editorial Sudamericana.

Racionero, L. (2000). El Progreso Decadente. Editora Espasa Calpe.

Toffler, A. & Toffler, H. (1997). La creación de una nueva civilización. Plaza & Janes.

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